¡Nos mudamos! ¿Nos acompañáis?

Cómo sabéis, sobre todo quienes seguís mis desvaríos diarios por Twitter, llevaba tiempo planteándome dejar el hogar familiar de wordpress.com (tan sencillo, seguro y acogedor él) y emanciparme dando el salto a la jungla de wordpress.org con mi propio dominio y mi propio servidor. Un lugar más complicado e inseguro pero a la vez abierto a múltiples posibilidades y aventuras. Libertad lo llaman algunos. Y la libertad tiene sus pros y su contras, pero siempre suelen predominar los beneficios sobre los inconvenientes. Así que tras mucho pensarlo, ver lo chulo que ha quedado el blog de la mamá jefa, y ver las experiencias de otras bloggers (véase Planeando Ser Padres) en el tránsito entre una y otra plataforma, he decidido dar el salto. Sin paracaídas y a lo loco. Como a mi me gusta. Ya no hay marcha atrás.

Hace cosa de 15 días me compré el dominio y el alojamiento y desde entonces, en los pocos ratos libres que me deja el día, he ido adecentando una plantilla (¡Qué difícil ha sido elegir una!). Supongo que en las próximas semanas le iré añadiendo mejoras, porque como en toda casa nueva, siempre hay cosas por mejorar, pero creo que ya está medianamente lista para que podáis entrar sin miedo (por mi parte) a que no queráis volver a hacerlo en la vida. Y es que las primeras impresiones cuentan mucho…

A los que me seguís por el reader de wordpress, creo que podréis seguir haciéndolo, pero por si acaso, os animo a suscribiros al blog o añadirme a vuestro feedly para no perderme de vista (¡No me dejéis sólo!). A los que me seguís por email, más de lo mismo. Y por si acaso se os pasa por alto este post, os escribiré para informaros del cambio. Y a los que todavía no me seguís, deciros que aquí tenéis otra casa virtual más en la que compartir experiencias sobre nuestros pequeños. Y sobre nosotros, los padres y madres del siglo XXI. ¿Nos acompañáis en la mudanza? ¡A partir del lunes nos vemos allí! nuevoblog   PD: Mañana jueves es festivo en Madrid, así que desconectamos por el puente. El lunes más y mejor. Y en nueva web🙂

La fiesta del pijama

fiestapijama

Cada noche, ya cenados y preparados para ir a la cama, en la casa de la familia fofucha empieza la tradicional fiesta del pijama. Una fiesta en la que siempre se lo pasa bien Mara, mientras que sus padres en prácticas empiezan animados y acaban derrotados. Pero hay que pasar por ello antes de conciliar el sueño. Para Maramoto es obligatorio. Por momentos hasta parece su momento predilecto del día. Y es que, ¿Dónde están esos bebés que se duermen a las 21:00-22:00 horas de la noche y dejan a sus padres una horita de relax y desconexión? Que alguien me diga dónde están, porque empiezo a creer que todo es un mito…

Es curioso, pero conforme se acerca la noche, una niña ya muy movida como Mara, se activa aún más hasta ponerse como una moto. No hay forma de dormirla. Sólo esperar a que la venza el cansancio. Que a veces es pronto, pero que en la mayoría de las ocasiones es muy tarde. Digamos que a veces conseguimos estar a las 22:00 ya cenados y preparados para irnos a dormir. Primero hacemos un paso por el sofá con la esperanza de ver algo en la tele (aunque sólo sea la luz de la pantalla) e intentamos dormirla. Pero ella tiene ganas de escalar, de gatear, de jugar… Tiene tanto flow en el cuerpo que si la mamá jefa se la pone al pecho, ella acompaña el proceso de alimentación con un sinfín de patadas y movimientos de pelvis. Así que por regla general media hora más tarde desistimos de ver la tele y nos vamos a la cama con la esperanza de descansar. Pero sólo con la esperanza.

Ya en la cama y con más espacio, la pequeña saltamontes saca a relucir todo su repertorio. Gateo hacia un lado, vuelvo hacia el otro, ahora doy una vuelta de campana, ahora me subo encima de mamá jefa, ahora voy a por papá en prácticas y le araño y después le sonrío con malicia, ahora intento tirarme de la cama (menos mal que están mis padres…), ahora escalo por el cabecero de la cama y una vez erguida cojo el despertador y me pongo a saltar como si estuviese en una atracción de feria, ahora me siento y cojo un poco de aire, ahora seguimos con la marcha. ¡Hasta el infinito…y más allá!

Hay veces, incluso, en que parece que está a punto de dormirse. La mamá jefa y yo nos miramos y sin decirnos nada pensamos, “¡Por fin!”. Pero de repente Maramoto nos tiene preparada su última función. Se levanta como si hubiese dormido tres horas y se vuelve a poner a juguetear. Ahora buscando la teta de su mamá en las posiciones más inverosímiles. Parece una saltadora de trampolín sólo que en vez de en el agua cae sobre el pecho de la mamá. Doble tirabuzón y… ¡Casi! Mortal hacia delante y… ¡Premio!

Y así se nos pasan las horas. Y nos dieron las nueve, las diez y las once. Las doce, la una, las dos y las tres… Por regla general sobre las 12:30 conseguimos domarla, pero la semana pasada detectó nuestro cansancio y debió pensar, “ahora os vais a enterar”. Y a la 1:30 de la madrugada aún estaba de fiesta. En su gran fiesta del pijama.

Bebes de alta demanda: 8 lecciones desde la experiencia

altademandaEn las últimas semanas hemos abordado en varios posts el tema de los bebés de alta demanda. Primero definiendo el concepto y luego con una entrevista con Mónica San Martín, una de las grandes especialistas de nuestro país sobre el tema. Hoy me voy a acercar al asunto desde una perspectiva más personal y fruto de nuestra experiencia con la pequeña saltamontes. Así que como esto es muy personal, puede que os sintáis identificados o puede que no. Aunque tengo constancia de que estos sentimientos son algo bastante generalizados entre los papis que tenemos la suerte de tener con nosotros a un niño de altas necesidades. Aquí van las siete lecciones que he ido extrayendo en los ocho meses de vida de Maramoto:

1. Cada vez va a peor: Esto tiene una fácil explicación. El bebé va creciendo así que cada vez tiene más fuerza para mostrar su urgencia o su necesidad de algo. Así que si al principio estabas todo el día con un renegar continuo que era más o menos soportable, a partir de los seis o siete meses esos ruidos iniciales se transforman en gritos capaces de atravesar los tímpanos. A eso hay que añadir que el bebé se mueve mucho más y si ya antes no quería parar, ahora necesita todavía más estar en permanente movimiento. Recuerdo que cuando Mara tenía un mes decíamos: “Seguro que cuando cumpla tres meses todo será más fácil”. Y recuerdo que los tres meses decíamos lo mismo sobre el momento en que cumpliera seis. Pobres ignorantes…

2. Necesitas estar muy en forma (física y psicológicamente): Siempre se ha dicho que para criar un bebé hay que estar en forma. Pero si para un bebé normal te basta con estar preparado para correr la vuelta a pie municipal, para un bebé de alta demanda necesitas tener fondo físico para aguantar una ultramaratón diaria. Porque Mara, por poner un ejemplo, se despierta a las nueve de la mañana y a las doce de la noche aún hay muchos días en los que está pegando vueltas de campana en la cama. Por el medio dos siestas de veinte minutos, siendo muy afortunados. Así que como tampoco quieren estar sentados, ni mucho menos distrayéndose un rato solos, hay que hacerlo todo con ellos a cuestas. A lo que hay que añadir el trabajo de la casa.

3. Te llevan al límite: Si no conocías tus límites, los vas a descubrir. Te lo puedo asegurar. Yo reconozco abierta y públicamente que me he derrumbado más de una noche. No podía más. Se juntan cuatro días en que duermes peor, con semanas de mucho estrés en el trabajo, con horarios que no te dejan tiempo para nada, con Mara todo el día quejándose y gritando… Y todo ello mientras ves que la mamá jefa no puede hacer absolutamente nada porque Maramoto la absorbe el 90% del tiempo. Y te sientes mal. Y al final llega un día en que explotas. Aunque al día siguiente hay que levantarse con la sonrisa puesta. Está permitido tropezar, pero está prohibido no levantarse.

4. No habrá paz para las madres: A veces me pongo en el lugar de la mamá jefa. Y entonces la admiro más y más. No puede hacer nada sin llevar a la pequeña saltamontes a cuestas. Ducharse, cocinar, lavarse el pelo, hacer la cama… Hay veces en que dejo el trabajo para prepararme el almuerzo y me la veo delante del espejo maquillándose con una mano mientras con el otro brazo sostiene a Maramoto. Hasta algo tan sencillo como encender el ordenador se convierte en una odisea para ella. La pequeña saltamontes quiere estar en constante movimiento, así que si alguna vez se ducha mientras la deja sentada en la hamaca, la ducha es amenizada por un concierto de gritos que hace tambalearse la estructura del edificio en el que vivimos. Como veis, todo muy sencillo.

5. Es muy importante tener una relación sana de pareja: Principalmente porque como he comentado en el punto 3, los bebés de alta demanda te llevan al límite. Y haciendo frontera con esos límites están los días malos, los efectos del cansancio y las contestaciones fuera de tono. Yo soy muy afortunado por tener al lado a alguien como Diana, pero doy por hecho que si un bebé de alta demanda llega a una pareja no demasiado bien avenida, su nivel de exigencia puede ser fatal para la misma.

6. La casa nunca va a estar ordenada: Hay que asimilarlo. Y es difícil si tienes cierta obsesión por el orden. La mamá jefa es muy ordenada. En mi caso, digamos que soy ordenado dentro de mi desorden. Así que ambos hemos tenido que hacernos a la idea de que no podemos volvernos loco con la casa. Principalmente porque la peque nos absorbe mucho y sacar tiempo para las tareas domésticas es a veces una tarea casi imposible.

7. Son niños cuco: Leí esta expresión el otro día en un post de Mi Pediatra Online y me hizo mucha gracia. “Yo los llamo a veces “niños cuco” (donde entra uno, no hay más)”. Y creedme que es así. Nosotros ya llevamos tiempo diciendo que nos plantamos con Mara, porque nos sale otra así y se quedan huérfanos bien pronto🙂

8. Son maravillosos: Y aunque son terriblemente agotadores y absorbentes, los bebés de alta demanda son maravillosos. Siempre tan despiertos, con esa actividad y esas ganas de comerse el mundo. Siempre con esa sonrisa pícara en el rostro, buscando la forma de escaparse del parque de bolas, tirarse de la cama o escalar por las rejas de la cuna que a falta de uso utilizamos como apoyaMara. Y ellos son así, inquietos y necesitados de cercanía, contacto y cariño. Y a veces el problema somos nosotros. Y esta sociedad. Que nos deja sin tiempo. Que nos reclama a todas horas para mantener viva la rueda del capitalismo. Aunque nuestras prioridades sean otras. Aunque esas prioridades parezcan no importar a nadie.

PD: Seguro que ahora much@s estáis diciendo: “Pues tampoco es para tanto. Igual que todos los bebés”. No, os aseguro que no es igual que todos los bebés.